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Año HK-32 de la Era Estelar, día dieciséis del Mes de KONS. El Alma del Fénix ha reencarnado, y Su Espíritu se ha transferido al Alma en la que hasta ahora habitaba Hor de Yebel, Espíritu que ha regresado otra vez al Numen.

En casos como éste de Sucesor Ya Designado, la muerte y reencarnación del Alma del anterior Avatar del Fénix es mantenida en total secreto y son sólo conocidas por el Sector de La Corte Imperial que habita en Kentektay y por Los Altísimos de LA CUMBRE, a los que se les comunica para personarse inmediatamente en El Palacio Imperial Fénico, en caso de hallarse ausentes en otros lugares del Astro, para asistir al Rito de Transferencia y al Ceremonial de cremación del sagrado cuerpo. También son avisados con urgencia los Reyes y Emperadores de EL IMPERIO.

En LA TUMBA DE ISIS los rojos inmensos cortinajes que ocultan al Gran Trono Primordial rojo y oro están corridos. En el enorme salón, todos los demás Cuarenta Tronos están ocupados por sus respectivos Altísimos, a excepción del Trono Cuarenta de HOR DE YEBEL, que no volverá ya a ser ocupado hasta que El Fénix en Su nuevo cuerpo Lo Reconozca en el Rito del Nombre como el siguiente Avatar de HOR DE YEBEL.

Tras oírse por tres veces el sonido de un poderoso gong, los cortinajes que ocultan a El Gran Trono se descorren, y sobre las tres veces tres gradas, aparece el monumental Gran Trono Rojo circundado por los rayos de un sol de Oro, y, sentado en él, con la corona fénica imperial y demás atributos de la Realeza aparece el cuerpo que anteriormente pertenecía a Hor de YEBEL. Alza Su mano y pronuncia con voz potente :

---YO, KONS KIR, REINO.

Todos Los Altísimos caen de rodillas en Adoración y recitan con una sola voz como un trueno unísono :

---TÚ, KONS KIR, REINAS.

Los rojos cortinajes del Gran Trono vuelven a cerrarse. Y sentados en Sus respectivos Tronos, que hacen de ascensores, Los Dioses Altísimos desaparecen bajo el suelo.

Solamente en las raras ocasiones de El Más Alto Ritual los Altísimos de LA CUMBRE se reúnen en LA TUMBA DE ISIS. En todos los demás actos oficiales de EL IMPERIO el Ceremonial es menos hierático, y el lugar de reuniones es algún otro más adecuado al tema específico de que se trate. Así como también son mucho más sencillos y esquematizados los Atributos y Distintivos del Rango y Función de los asistentes. Por lo general se utiliza el uniforme imperial de chaqueta ajustada azul celeste, pantalones gris acero, y altas botas negras de charol. En exteriores completa el atuendo amplias capas talares leves y flotantes del color que requiera la función, más frecuentemente blancas o rojas, aunque a veces también, negras o azules o doradas.

El nuevo cuerpo del Fénix entró en el apartamento de la Suprema Realeza, al que conocía bastante bien por haber pasado en él largas horas charlando con su amigo personal, Viviente entonces en el cuerpo ahora fallecido. Seis Altos Servidores silenciosos esperaban Su llegada tras las puertas que se abrieron ante Su Presencia y que volvieron a cerrarse una vez entrado. El Ceremonial exigía que el Mayordomo de Palacio le fuera guiando y mostrando una por una, sin dirigirle la palabra, las habitaciones fénicas de los Tres Grados de Privacidad : desde los salones de recepción y los Despachos hasta los varios dormitorios y sus accesorios, baño, gimnasio, piscina, invernadero y jardín privado, y Templo personal. Aunque en todo momento estaría invisiblemente asistido, no volvería a ver a ninguno de Sus Altos Servidores más que cuando hiciera el gesto de llamada correspondiente a cada uno de ellos en particular.

Nadie en todo EL IMPERIO puede interpelarle ni dirigirle la palabra si antes no es preguntado u ordenado por el propio Fénix, -por "_El Dios Viviente_-", tratamiento que Le es reservado en las alusiones privadas y públicas, aunque obviamente todos los Tiuz nexados a Su Comunión Fénica son también tan Dioses Vivientes como El Fénix según proclama El Protocolo Inviolable.

Kir cambió su atuendo ceremonial por otro mucho más sencillo : Tunicela blanca, sandalias y cinturon de oro, y una delgada diadema en aro sinuoso del mismo metal y en cuya frente, semioculto entre rizosos cabellos negros, destacaba un pequeño Ave Fénix de alas extendidas.

Entró en una pequeña saleta y se sentó en un cómodo sillón blanco. De una dorada pitillera engarzada al cinto extrajo un cigarrillo de _kién_, un sucedáneo de tabaco de efectos psicodélicos. Aunque podía haberlo encendido con sólo apretar ligeramente con dos dedos la áurea boquilla, prefirió encenderlo con el antiguo encendedor de oro grabado usado por El Fénix desde hacía casi siglo y medio : Observó su Nombre KIR en el anverso y _La Corona Ardiente_ en el reverso, a la vez que sentía un profundo estremecimiento de Amistad y de Dolor por Su Amigo muerto : Sabía que Su Espíritu seguía sonriéndole dentro de su Alma, pero la Ausencia de Su Personalidad cálida y austera le desgarraba el Corazón Ib de los pequeños entrañables sentimientos. Lágrimas le brotaron de los ojos, pero se contuvo ferozmente el feroz deseo de sollozar.

Se sentía aturdido y sin fuerzas para asistir al Ritual de Cremación que había de celebrarse a la media noche. Apagó el cigarrillo, se levantó del sillón y entró en el dormitorio. Se echó en la cama para dar reposo a Su dolor y a sus pensamientos. Apagó la tenue luz con sólo un gesto, y en pocos segundos se quedó dormido.

Tal vez soñara con el YO de su antigua Alma, tal vez con Su sonrisa y con el eco de Sus palabras, pues fue un dormir reparador que le estaba transformando.

Se sorprendió como en lejanías cuando la tenue luz volvió a encenderse. En la semioscuridad atisbó la presencia de un Alto Servidor enfermero y ayuda de cámara que le sirvió un _kiér_ en un fino y tallado vaso de cristal de roca. El cuarto de baño estaba preparado. El Alto Servidor desapareció.

Al volver al dormitorio encontró erguida y colgada de una percha la túnica ceremonial, blanca rutilante y con alas desde la espalda hasta las mangas, al lado de una mesita donde reposaban los otros Atributos, -la Corona Alada, el Sello Imperial Fénico, el Látigo y el Izador de OSIRIS-. Y junto, en el suelo, el calzado blanco de cómodo diseño entre bota baja abierta y zapato.

Cuando estuvo revestido alzó su mano izquierda y entraron silenciosos sus seis Altos Servidores en uniformes de guardia con capas negras estoladas en oro en su lado izquierdo. Formaron tres a un lado y tres a otro y emprendieron la marcha hacia El Konseum, el cementerio de las cenizas de los cuerpos fénicos, en cuya plaza central se alzaba la estructura de una alta pira metálica que en su momento ardería con potentes chorros de gas. En la cumbre troncopiramidal se vislumbraba una dorada barca de madera con dos velas blancas, en cuyo interior debía hallarse ya, en una envoltura de amianto, el cuerpo fénico difunto.

En un semicircular estrado de Tronos en tres niveles frente a la pira estaban sentados silenciosos La Corte Imperial de Los Altisimos, los Emperadores, y los Reyes de EL IMPERIO, llamados secretamente con urgencia prioritaria para asistir a la ceremonia. A un lado y otro del estrado circular, de pié y en silencio, los Altos Dignatarios de Kentektay.

Solamente una tenue música fúnebre y gozosa se enroscaba en el silencio.

La pequeña comitiva de El Fénix y sus seis guardias entró en la plaza del Konseum por la parte opuesta al estrado de los tres niveles, al otro lado de la pira y fuera de la vista de los asistentes. Kir se sentó en un Trono Blanco en cuyo brazo derecho reposaba una estola negra y oro qué Él tomó entre sus manos. Por aquel lado de la pira, una escalera ascendía hasta la cima. Por ella tendría que subir al final de la ceremonia y pisar erguido sobre las amadas cenizas de Su Amigo.

Por tres veces sonó el poderoso gong anunciando la media noche.

Kir alzó su mano derecha y una tromba de fuego envolvió a la pira. La música se hizo atronadora. La cremación duró tres horas sin cesar la música en tonos cada vez más bajos. Cuando cesó el fuego, potentes chorros de vapor de agua helada enfriaron la pira y el ambiente. La música se hizo matinal.

Levantándose del Trono, Kir ascendió por la escalera hasta la cima de la pira metálica ya fría. Pisó con corazón helado el saco de amianto conteniendo las cenizas de Su Amigo, alzó los brazos y clamó con voz estentórea en idioma Uri :

---¡¡¡ YO, KONS KIR, REINO !!!

Hincadas en el suelo las rodillas y la mano sobre el corazón todos los asistentes respondieron al unísono :

---¡¡¡ TÚ, KONS KIR, REINAS !!!

Sólo durante unos brevísimos segundos se permitiron mirar a la alta y blanca Figura Alada de la cima de la pira. Inmediatamente inclinaron la cabeza en Adoración y bajaron la mirada. Cuando la música cesó, Kir ya había bajado de la pira y retornado con su guardia a sus habitaciones.

La Realeza y el Alto Funcionariado regresaron cada cual a sus lugares, países y funciones. Cuidadosamente, un Equipo de expertos trasladaron las cenizas del saco de amianto a una urna de oro y pedrería que selló en metal fundido El Guardián del Sello, y que colocaron en la hornacina del mausoleo correspondiente.

A la mañana siguiente, la pira metálica había desaparecido de la plaza.

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